Bilbao tiene una importantísima tradición industrial, no es ningún secreto. Basta con remover en la hemeroteca para comprobar cuánto ha cambiado la villa en los últimos treinta años. ¡Demasiado! Y es que grúas enormes, ferrocarriles, trabajadores y barcos y más barcos adentrándose en el Nervión han sido sustituidos en la última época por enormes parques, equipamientos modernos y turistas de paseo por la zona. ¡Hasta la vista, industria pesada!
El origen de todas esas infraestructuras -muchas de ellas han sido trasladadas al Puerto del Abra Exterior- vino acontecida por una imparable expansión industrial en España en 1850, casi cinco décadas después que en otros países europeos. Vizcaya supo aprovechar de una manera acertada aquella situación y con la explotación de las minas de Gallarta comenzó a exportar hierro. Para llevar a cabo esa función fue necesario crear las infraestructuras necesarias y, así, en 1865 se enlazó la mina con el puerto. Un hito importantísimo.Pero había que crecer. Y es que exportar el mineral no era la manera más adecuada de sacar el jugo a esas ricas minas. De ese modo, la apertura de Altos Hornos de Vizcaya en 1902 fue un hecho clave para comenzar a transformar el hierro en acero y consolidar una industria siderúrgica que, sin duda, ayudaría a impulsar de una forma considerable astilleros como Euskalduna y la Naval de Sestao. Era el principio del comienzo.
Este desarrollo de la industria trajo consigo un importante crecimiento demográfico. En aquellos años, fueron muchos los trabajadores que llegaron a la villa y sus alrededores con el propósito de encontrar una vida mejor, y las localidades de la Margen Izquierda sufrieron una expansión de vértigo -la capital vizcaína pasó de tener 11.000 habitantes en 1880 a 80.000 en 1900-. Así, se produjo una clara división entre las viviendas de los altos ejecutivos, situadas en localidades de la margen derecha como Neguri, y las de los trabajadores, levantadas en pueblos como Barakaldo, Sestao y Portugalete, al otro lado de la Ría. El Nervión se había convertido en un punto de división entre la clase alta y la trabajadora, y a partir de entonces empezarían a florecer distintos movimientos sociales, como el Partido Socialista y su réplica personificada en el nacionalismo vasco.
El mineral de hierro se acabó
La buena situación económica hizo que Bilbao se afianzara a finales del siglo XIX y principios del XX como el nuevo centro económico de Euskadi. Esto produjo la llegada del ferrocarril en 1857, la creación de la Bolsa de Bilbao treinta y tres años más tarde y la fundación del Banco de Vizcaya en 1901. Asimismo, se modernizó la ciudad con la construcción de paseos y alamedas en el nuevo Ensanche de Abando, y también con la creación de edificios emblemáticos de la talla del Hospital de Basurto y el Teatro Arriaga. Bilbao marcaba tendencia.
En 1920 el mineral de hierro de Vizcaya desapareció. De este modo, sería imprescindible empezar a importarlo de países del centro Europa para después trabajarlo en la siderúrgica de Sestao. Esta fórmula resultó y todo fue viento en popa durante casi seis décadas más. La segunda crisis del petróleo acabó con todo y las más fuertes empresas del Estado comenzaron a ser insostenibles. La situación era penosa y había que cambiar. Pero, ¿cómo acertar?